La historia detrás de NINA FITZ

NINA FITZ nació en 2023, durante mi baja de maternidad. Esta es la historia de cómo empezó todo.
The Story Behind NINA FITZ
NINA FITZ empezó en 2023, durante la baja de maternidad de mi primera hija.
Hasta entonces mi vida profesional había transcurrido dentro del marketing y el e-commerce. Era un terreno que conocía bien, un trabajo que funcionaba y que, en cierto modo, ya tenía bastante interiorizado. Pero cuando nació Cayetana ocurrió algo difícil de explicar.
No fue una decisión repentina ni tuve una iluminación. Más bien fue una sensación persistente: la impresión de que algo se había quedado fuera durante demasiado tiempo.
Me di cuenta de que llevaba años sin trabajar con las manos.
Todo había pasado a ser digital. Horas delante de un ordenador produciendo cosas que, aunque reales en su utilidad, nunca llegaban a tener peso ni volumen. Siempre me había interesado el diseño, pero empecé a echar de menos algo más físico: tocar un material, ver cómo va tomando forma poco a poco, sentir que lo que estás haciendo existe fuera de la pantalla.
Así que empecé a probar cosas.
Primero empecé a enredar con el Jesmonite. Cuando fui consciente de lo mucho que me gustaba, decidí dar el salto y pasar a realizar mis propios diseños. Empecé a experimentar con la impresión 3D, a elaborar moldes de silicona, incluso a crear mis propias combinaciones de colores. No tenía un plan claro, y ni mucho menos pensaba en crear una marca.
Solo quería comprobar si podía unir lo que ya sabía hacer con aquello que sentía que necesitaba volver a hacer.
Ahí empezó todo…

EL NOMBRE

No, no me llamo NINA FITZ. Mi nombre es Rebeca Zambrano.
El nombre viene de dos mujeres que llevan conmigo muchos años: Nina Simone y Ella Fitzgerald.

Hace ya bastantes años empecé a coleccionar vinilos. El primero que tuve fue Porgy & Bess, de Ella Fitzgerald con Louis Armstrong. Me lo regalaron por una canción en concreto, Summertime, que siempre me había atrapado de una manera difícil de explicar. Tenía algo hipnótico, algo que permanecía intacto a pesar de los años.
Después llegó Nina Simone. Su voz, su carácter, su manera de estar en el mundo. Empecé a leer sobre su vida, sobre sus contradicciones, sobre la intensidad con la que atravesaba todo lo que hacía. En su caso era imposible separar la música del personaje.
Cuando llegó el momento de ponerle nombre a lo que estaba haciendo, en realidad no dudé mucho. Tenía que usar el de estas dos grandes mujeres.

LA PRIMERA PIEZA

La primera pieza que hice fue Ella.
Es un joyero que pertenece a Minimal Essence, una colección muy influida por el diseño escandinavo: formas limpias, funcionalidad clara, ausencia de adornos innecesarios. Son piezas discretas, nada extravagantes, y que funcionan porque transmiten cierta paz.

Para esta pieza también pensé en los mochis japoneses. En su forma redondeada, en esa apariencia blanda que casi invita a tocarlos. Me interesaba trasladar esa sensación a un objeto doméstico, algo cotidiano pero con una presencia distinta.
No salió perfecta, pero era la primera, y eso bastó para querer hacer la siguiente.

TECNOARTESANÍA

Cuando hablo de tecnoartesanía no estoy intentando bautizar una disciplina ni inventar un concepto nuevo. Es, simplemente, la manera en la que trabajo.
Todo empieza en digital. Modelo en 3D, compruebo proporciones, ajusto volúmenes... Hay formas que serían muy difíciles de realizar directamente con las manos, y el diseño digital permite explorar ese territorio con una precisión casi quirúrgica.
Cuando el diseño está claro, paso a lo físico. Imprimo prototipos, hago moldes de silicona y produzco cada pieza a mano usando un material llamado jesmonite. Mezclo mis propios pigmentos y, en algunas piezas, incorporo virutas de metal reciclado de una fábrica cercana a mi casa. También experimento con procesos de oxidación.
La estructura se define en digital. El acabado sucede de forma manual.
Y es en ese tránsito entre una cosa y la otra lo que hace a cada pieza única.

POR QUÉ NINA FITZ

Con el tiempo empecé a notar algo curioso: cada vez más casas se parecían. Veía los mismos objetos repetidos, la misma estética neutra. Y todo era correcto, impecable incluso, pero yo tenía la sensación de que faltaba algo, de que eran casas sin personalidad.
Recuerdo entrar en casa de unos amigos y pensar que podría ser la de cualquier persona.
NINA FITZ nace, en parte, de esa incomodidad. De la necesidad de hacer objetos que tengan algo detrás: un diseño pensado, un proceso, una mano que interviene. Que sean algo más que decoración de relleno.
Lo mío no es artesanía tradicional, ni producción industrial. Está en el medio.
El diseño digital aporta estructura. La parte manual introduce variaciones, pequeñas imperfecciones, decisiones espontáneas.
Y es justo en ese punto intermedio donde me interesa trabajar.

QUÉ SIGUE

Ahora mismo hay dos colecciones a la venta: Vittorio Dassi y Curved Chaos. Hasta hace poco eran cuatro —también estaban Fundamenta y Minimal Essence—, pero llegó un momento en que decidí producir menos y hacerlo mejor.

Porque NINA FITZ no trata de producir mucho.
Trata de hacer piezas con un porqué y que puedan quedarse en una casa durante años.
Todo se produce en mi estudio de Madrid. Trabajo en series limitadas, y cuando una de ellas se termina, no se repite. Cada pieza pertenece al momento en el que fue creada.
Y eso, para mí, es razón suficiente para seguir.